miércoles, diciembre 02, 2015
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por Carlos Ibáñez Quintana

El número de Alfa y Omega correspondiente al 19 de noviembre contiene un artículo, firmado por María Martínez López, referente al discurso pronunciado por el Cardenal don Ricardo Blázquez, en la CVI Asamblea de la CEE. En el mismo se le atribuye la frase “instituciones que nos hemos dado” con referencia al sistema que nos gobierna.

Lamentamos discrepar de ello. Por lo que entonces vivimos y por lo que se puede deducir de la lectura de la historia de los hechos, las instituciones que tenemos nos las impuso don Juan Carlos, apoyado por las potencias extranjeras, grupos económicos de presión y los residuos de un régimen que habían sido incapaces de devolver al pueblo español sus auténticas libertades. Nosotros, el pueblo, no hicimos más que votar lo que se nos dio ya hecho. Nosotros votamos en contra. Los que lo hicieron a favor habían sido engañados por los medios de comunicación de que disponían los que mandaban.

No habían sabido darnos nuestras libertades tradicionales y nos dieron las falsas libertades de la Revolución. Así, en la patria de los teólogos que en Trento defendieron el libre albedrío, en la España donde nacieron los derechos humanos y el derecho internacional, hemos tenido que aceptar como libertad los sueños de Rousseau.

Los católicos creemos lo que no vemos porque la Iglesia lo enseña, pero como seres racionales, no podemos creer lo contrario de lo que vemos. Y eso exige creer que la actual democracia nos la dimos los españoles y que es garantía de libertades.

Recoge el artículo una lamentación del Cardenal por la actitud anticatólica de ciertos grupos. Esa conducta es la que cabe esperar de los enemigos de la Iglesia, en cuyas manos este sistema ha puesto el poder. Con ellos tenemos que competir en el campo político. Pero ellos juegan con ventaja. Ninguna moral les obliga. Pueden hacer trampas y las hacen.
Ya Ortega y Gasset pronunció en tiempos de la República su famoso “no es eso”. Pues sí era eso. Porque no podía ser de otra forma. Y lo mismo hoy; el que los enemigos de la Iglesia se esfuercen en hacerla desaparecer es inevitable. Y lamentarse de ello es inútil.

La política no está incluida en las competencias de la Jerarquía. Es materia para los seglares. Nuestra fidelidad a la Iglesia en materias de Fe y Moral nos obliga a discrepar de algunas posturas de nuestros Obispos. Lo hicimos en el pasado. Y los hechos nos dieron la razón.

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