viernes, mayo 01, 2015
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LEGITIMIDAD

Se ha definido la Legitimidad como “la justificación intrínseca del poder y su ejercicio”. El poder se legitima sin más. No hay grupo humano que no tenga a su frente alguien que lo rija, individual o colegiadamente. La legitimidad se refiere al órgano que ejerce el poder y al modo con que lo ejerce.

La más bella definición de democracia dice que es “el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”. Paralelamente proclamamos la Monarquía Tradicional como “el gobierno del pueblo, para el pueblo y por una familia secularmente consagrada al servicio del pueblo”. El fallo de la democracia está en ese “por el pueblo” final. La realidad demuestra que el pueblo no ejerce, ni ha ejercido, ni ejercerá nunca el poder. Siempre interviene una persona o un grupo reducido.

Arguyen los demócratas, que esa persona o grupo son elegidos por el pueblo, cuya  voluntad les confiere la legitimidad. Contestamos nosotros que la voluntad del pueblo es la que confiere a esa familia el derecho (más bien el deber) de gobernarle. Es una voluntad que no se expresa mediante urnas, sino con la adhesión secular con que el pueblo viene gritando “¡Viva el Rey!”.

Nuestra Monarquía surgió en los primeros tiempos de la Reconquista. Cualesquiera que fueran los conflictos por los que atravesó, se resolvieron en España. Se cristalizaron en una ley de sucesión que eliminaba toda duda sobre quién debe ser la persona de esa familia que debe ejercer el poder.

En la designación del poder democrático interviene el pueblo. Pero de manera ciega. Vota, sí; pero sin saber a quién vota y por qué vota. Los candidatos, entre los que puede elegir han sido ya designados. No sabemos por quién. En la gestación y nacimiento de la actual democracia española participaron numerosos poderes, grupos de presión, que nos dijeron “habla, pueblo,  habla”, cuando la realidad era que nos mandaban repetir un papel que nos ponían delante.

Un estudio minucioso del proceso y de los protagonistas que lo forzaron nos habla de la aceptación de potencias extranjeras, del apoyo de grupos financieros y de la cooperación de élites políticas. El atento examen de lo que hoy sucede nos muestra un gobierno que recibe órdenes de fuera y las cumple. Esto es “el gobierno del pueblo” pero no “para el pueblo”, sino para poderes ocultos y no “por el pueblo”, sino por los lacayos de esos poderes.


El gobierno de la Monarquía Tradicional sería muy malo, según nos dicen los demócratas de hoy. Pero la democracia que padecemos es mucho peor, de acuerdo con lo que estamos viviendo. Por eso seguimos defendiendo la LEGITIMIDAD.

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