jueves, enero 01, 2015
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Decían las Ordenanzas Militares de Carlos III: “El Oficial cuyo propio honor y estímulo no le movieran a obrar bien, no sirve para mis ejércitos”. “Propio honor”, en un tiempo en que era común la creencia de que “el honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”. El honor era una manifestación de la presencia de Dios, en la conducta de los hombres. Hoy, el sistema liberal ha suprimido a Dios de la vida pública. El honor se ha vaciado de contenido. Es más: para amplios sectores de la sociedad es un concepto burgués y por burgués digno de desprecio.

El tan extendido concepto del honor no era suficiente en aquella sociedad preliberal. Además había instituciones humanas que invitaban a vivir con honor. El Juicio de Residencia, al que eran sometidos los cargos públicos al terminar su mandato, también “movía a obrar bien”. Luego las constituciones liberales suprimieron el Juicio de Residencia.

El estado de bienestar cuida de nosotros desde la cuna hasta la tumba. Ha ocupado el  papel de la Divina Providencia suprimida de la vida pública. Nos cuida con tanta solicitud que hasta provee muchas necesidades que, naturalmente, deberían ser provistas por cada uno o por la sociedad.

Pero para ello necesita muchos recursos. Por eso los adquiere cargándonos de impuestos. Esos recursos son administrados por los políticos. Los políticos son elegidos sin ninguna selección. Es político cualquiera que se preste a ello. En muchas ocasiones quien no sirve para otra cosa. De este modo no es extraño que abunden entre ellos quienes desconocen el honor. Ya tenemos mucho dinero y poder en manos de esa clase de hombres. Dada la forma en que se han seleccionado: ¿nos puede extrañar que usen el poder y el dinero en su beneficio personal?

Poder y dinero nos atraen a todos. Son una fuente de tentación. Entre las pocas cosas que el Salvador nos dijo que debíamos de pedir al Padre está el “no nos dejes caer en la tentación”. Pero muchos de nuestros políticos alardean de desconocer ese Padre. Consideran una puerilidad esa petición tan importante. ¿Nos puede extrañar que caigan en la tentación?

La movilidad en los cargos políticos, propia de la democracia, agudiza la codicia. Se atribuye a la madre de Napoleón la frase “mientras esto dure”. Los cargos son apetitosos. Su permanencia en ellos no está asegurada. Las oportunidades pasan. Son como las liebres para los cazadores: si no disparas cuando las tienes a tiro te quedas sin ellas.

Todos nos lamentamos de la corrupción que ha alcanzado una extensión de escándalo. Nosotros nos limitamos a indicar sus causas. Los españoles tienen la palabra. Si persisten en mantener la democracia tendrán corrupción. ¿Es que no hay corrupción con otros sistemas políticos? Sí, la hay, pero no goza de impunidad.  

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