viernes, diciembre 26, 2014
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por José Fermín Garralda

Aunque explicar bien este tema necesita una mayor amplitud, el católico y españolito de a pie algo pueden decir. Es preciso posicionarse, incluso en nuestros tiempos de opinión, multiculturales y de supuesta democracia. Máxime en este tema que interesa a la Iglesia pero también al Estado aunque por motivos diversos. La Iglesia enseña al Estado, y habla de salvación eterna, mientras que el Estado asume lo anterior y añade sus propias razones. Razones de reconocimiento a la Reconquista de 800 años, aplicar la lección de la historia, y lograr que los islamitas en España recojan su comunidad hacia su interior.

El Ministerio de Educación ha establecido (BOE nº 299, 11-XII-2014) el currículo del área de enseñanza de la ‘Religión Islámica’ en la Educación Primaria: en las escuelas públicas se podrá enseñar el Islam –ya se indican los contenidos evaluables- a quienes soliciten. Esto vulnera la unidad católica jurídica y social, aunque no la confesionalidad católica del Estado si la tolerancia fuese necesaria aunque mostraremos que no lo es. Lo recogido en el BOE es exigido por la confesionalidad liberal y masónica, contraria a la católica, aunque el liberalismo lleve  décadas vulnerando -¡oh paradoja si no fuese por su lógica interna!- el derecho de los padres católicos a la educación católica de sus hijos. Por este agravio comparativo  decimos que el Estado favorece al Islam.

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Hable el ciudadano de a pie. Existe un perfil sociológico al que le chocará lo que digamos sobre lo anterior. Es el perfil del que sigue las  modas o la “corrección” del quedar bien, de complacer sacrificando todo incluso lo que no es propio, de la palabra imprecisa, fofa y melosa. Es el perfil del pensamiento débil y el esfuerzo mínimo, del acoplarse a todas las circunstancias para ganar con los demás, de la utopía confusa y equívoca de partir de cero en el mundo que se ha de construir -¡oh, buen cobijo bajo una gran ambición que otros trabajarán!-. Es, por último, el perfil de quien  tergiversa el hecho de que hay que reconstruir todo desde sus cimientos y de que debemos ser tan creativos hasta confundir el renovar conforme a las nuevas circunstancias con el innovar, olvidándose de lo que las cosas son y deben ser. Los que no piensen así –acusan- son unos fundamentalistas, como los yihadistas pero en católico y por eso algo memos imperdonables.

La jihad de Próximo Oriente y África –asunto de la comunidad y no del individuo- puede hacernos idealizar a otros islamitas aunque hay muchos datos que  lo impiden, y desde luego idealizar o ignorar a los de Europa, que no son demócratas y sobre todo confunden religión, política y una sociedad historicista.

Estas cosillas se dijeron hace tiempo sobre los liberales, socialistas y comunistas. El buen anarquista desesperado y el etarra encarcelado merecen la compasión. Así hemos llegado a poder celebrar la Navidad con el dolor de estar rodeados de herejes en la propia casa. ¿Saben que el Estado ateo, agnóstico, laico, laicista etc. de los católico-liberales es muy responsable  de todo ello? Al retirar –expulsar- a Dios y N. S. Jesucristo de las constituciones y leyes, la igualdad o igualitarismo de todas las religiones ante la ley, el derecho civil a todo aún en contra del bien común, el reducir el Estado a un ente administrativista se ha llegado al hundimiento de la ciudad temporal, que a su vez se quiere tragar la ciudad de Dios que si no es de este mundo también está en este mundo.

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Para nosotros resulta obligada la tolerancia de los entes públicos a que los islamitas den a sus hijos su educación islámica en sus casas y ámbitos internos de comunidad, e incluso en clases privadas, por lo mismo que, el tratamiento público de los derechos de los padres en el error sobre sus hijos, no está sometido a un estricto derecho ante Dios, sino a la prudencia en las relaciones humanas y de cara a una posterior recepción de la Verdad en los múltiples caminos de la vida. Así, el derecho relativo y civil a ser tolerados que se les reconoce en el ámbito privado ya supone un juicio de valor del poder civil sobre la falsa religión, lo que no hace el Estado liberal.

Ahora bien, otra cosa muy distinta es enseñar el Islam en ámbitos externos y en las escuelas públicas (ya sabemos, ya, que el Estado no enseña). Los padres tienen el anterior derecho mencionado, pero no a utilizar medios (profesores, aulas…) y ámbitos públicos para esa actividad y menos fortalecer socialmente el islamismo.

Otra cuestión: ¿qué decir de la igualdad? En Erga migrantes caritas Christi (2004), el Consejo pontificio desaconseja el matrimonio entre católicos e inmigrantes no cristianos (nº 63), y solicita –el poder civil debiera exigir- ciertas rectificaciones a los inmigrantes musulmanes (nº 66). Más: hace unos años el cardenal Bertone distinguió igualdad de igualitarismo, y señaló que se debía de respeta el arraigo cultural e histórico que cada religión tiene en la sociedad (La Verdad, 13-II-2009).
Por todo lo anterior no admitimos lo recogido en el BOE. Es más –y ello afecta al político- tampoco si atendemos a las circunstancias de hoy, que creemos nos obligan a no reconocer un derecho civil –relativo y de aplicación de la tolerancia- a que en las escuelas públicas se imparta el islamismo. ¿Por qué?; por el bien común y hasta por el orden público -elementos ambos entrelazados- aunque sería largo explicarlo.

Conviene que el dinero público no sea para pagar la enseñanza del Islam –en la educación, el gasto es mayor de lo que paga el padre en impuestos-, ni ceder aulas o pagar a los profesores. Conviene no pasar de nada al tanto o todo, no dar alas al islamismo contra nuestra religión, sociedad y política, y evitar el efecto multiplicador. ¿Nada de enfadarlos sino que se sientan totalmente cómodos? ¿No se extendería más el agnosticismo y el relativismo, e incluso la apostasía del no practicante hacia el Islam como religión natural y cómoda?

Nuestro período de Reconquista espiritual responde al de conquista islámica. Si la Iglesia no puede atribuir –y en esto gira su pastoral- a los moros un afán de  “conquista”,  es vox populi que ansían Al-Andalus. ¿Y qué se ha conseguido para los cristianos de buscar correspondencias en los países islámicos?

¿No es la identidad de España –que no es Suiza- como nación, inseparable de la religión católica y de una fe hecha cultura? ¿No hay cada vez, fruto de la indiferencia, gente más ingenua sobre el islamismo? ¿No se ven males mayores en el horizonte?

El Estado confesional liberal-socialista (masónico) ha vapuleado tanto a los católicos por dejaciones de los mismos católicos, que estos podrían hasta estar tentados a apoyarse en los musulmanes para defender sus derechos. Sería el colmo. Si eso fuese así, los musulmanes tendrán lo que pretenden, mientras que los españoles seguirán sin gozar de sus derechos aunque el 76% se declare católico (2009) y dos de cada tres alumnos pidan cursar religión católica (2013).

¿Reclamarán la educación católica para la juventud católica en los colegios privados elegidos por los padres y en los públicos, a los que los padres llevan a sus hijos porque muchas veces no hay privados a donde llevarlos? Mucho me temo que la nueva barbaridad del Gobierno falsamente igualitaria, no va a espabilar a los católicos.

El enciclopedista de pelucón blanco vió con muy buenos ojos la religión musulmana, fruto de la razón natural –y por ello enemiga del cristianismo-, aunque ya sabemos que la razón, abandonada a sí misma, conduce en Occidente al esclavismo personal y/o al asesinato del aborto....

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