viernes, noviembre 07, 2014
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por Carlos Ibáñez Quintana

El término ideología fue creado por el filósofo idealista alemán Hegel para designar un sistema de pensamiento, cerrado, coherente consigo mismo, pero que no tiene en cuenta la realidad. El Carlismo no puede ser eso. El Carlismo es un conjunto de doctrinas políticas, basadas en una sana filosofía. Para los que siguen la ideología marxista, el supremo maestro es Marx. Nuestros maestros son muchos y más antiguos. Empezando por Aristóteles y no podemos citar a ningún otro como término de la lista, porque con los años van apareciendo nuevos pensadores que basados en el mismo sistema de pensamiento y atendiendo a las necesidades de cada momento, van añadiendo nuevas propuestas de solución.

Por eso el Carlismo es permanente. Es antiguo y es actual. Las ideologías se quedan anticuadas porque han surgido en un momento dado y son resultado de los problemas de ese momento.

En muchas ocasiones me he visto precisado a corregir a correligionarios que, contaminados con el lenguaje de lo políticamente correcto, calificaban al Carlismo de ideología. No hay tal. El Carlismo es una doctrina. Y una doctrina abierta a las necesidades de cada momento.

Esa es la diferencia fundamental con las ideologías. Las ideologías, repetimos, son cerradas y no tienen en cuenta la realidad. Por eso los partidos políticos actuales no pueden llega a acuerdos. En ellos pesa más la ideología, que no deja de ser un conjunto de ideas preconcebidas, que la realidad. Lo único que consiguen es el consenso. Mediante el consenso los partidos renuncian a imponer parte de su ideología, para llegar a un acuerdo que posibilite la gobernación. Lo hacen por conveniencia, no por convicción. Y en la práctica, lo estamos viendo, lo fundamental del acuerdo es taparse los unos a los otros las corrupciones en que incurren.

Quien afirme que el Carlismo es una ideología, o no sabe en qué consisten las ideologías o no conoce el Carlismo.


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