martes, octubre 29, 2013
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por Carlos Ibáñez Quintana
secretario de programas de la CTC

Me dicen que un miembro de la Jerarquía Española está dispuesto a pedir perdón. Todo buen cristiano tiene que estar dispuesto a pedir perdón. Pues todos pecamos. No basta con pedir perdón a Dios. Hay que pedirlo también al prójimo al que hemos ofendido.
Pero vamos al núcleo de la cuestión. Se trata de que muchos exigen a la Iglesia que pida perdón por su postura durante la Guerra Civil. Lo piden los enemigos de ella. Y también lo pidieron en la famosa Asamblea Conjunta algunos sacerdotes. Con lo que demostraron ser enemigos infiltrados en la Iglesia.
La Iglesia no peca. No puede pecar. Cuando decimos que la Iglesia peca nos referimos a las acciones de determinados miembros de la misma. Que pueden ser desde algunos Papas hasta los más modestos de sus fieles.
Si la Iglesia no puede pecar, no tiene por qué pedir perdón. Tendrían que pedir perdón quienes cometieron las acciones condenables. Pero ello es imposible porque, por lo general, cuando se habla de pedir perdón se habla de actos ya pasados cuyos autores ya fallecieron.
Así, en uno de sus viajes a Méjico, se acercó al Beato Juan Pablo II un excombatiente del Ejército Cristero. El Sumo Pontífice le dijo: “Ya sé de la injusticia que se hizo con ustedes”. Pero no pidió perdón porque él no era el autor del desaguisado. Proclamó beatos y santos a los mártires de la persecución de Calles.
Hay que andar con mucho cuidado en eso de pedir perdón por hechos de otros tiempos y de otras personas. Tengamos en cuenta que al pedir perdón reconocemos que hubo una falta. Si pedimos perdón por la postura de la Iglesia durante la Guerra Civil, estamos acusando a los Obispos de entonces. Y de una manera que podemos calificar de hipócrita, pues finge humildad. Para eso no hace ninguna falta la virtud cristiana de la humildad. Porque pidiendo perdón por lo que han hecho otros no nos reconocemos pecadores a nosotros mismos.
Y la Iglesia de hoy no tiene por qué pedir perdón por la postura adoptada por la Iglesia de entonces. Lo proclamamos muy alto. La Iglesia no se sublevó contra la República. Como miembro de la CTC, no tengo ningún reparo en confesar que fuimos los carlistas, entre otros grupos, quienes nos sublevamos. Y por ello no pedimos perdón a nadie. Al contrario, consideramos como una gloria la actuación de nuestros requetés.
Si algún miembro de la Jerarquía pide hoy perdón, le preguntamos:
1º ¿A quién pide Vd. perdón?
2º ¿En nombre de quién pide Vd. perdón?
Porque los que hoy exigen esa petición de perdón son lo epígonos de quienes martirizaron. Son los esbirros de Satanás. Y si pide perdón en nombre de la Iglesia, comprometerá, en cierto modo, a su Divino Fundador. Si la Iglesia se humillase ante ellos nos recordaría a la tercera tentación que sufrió Nuestro Señor. Sólo que esta vez en nombre de nuestro Señor se postrarían ante quienes obran en nombre de Satanás.

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